"Cuando cursaba mi segundo embarazo, de apenas 9 semanas, los médicos detectaron que mi bebe tenía un problema físico, el cual era incompatible con la vida. Los expertos no nos daban ningún tipo de esperanza; hasta nos sugirieron que interrumpiéramos el embarazo.
"Tanto mi marido como yo nos negamos al aborto. Decidimos dejarlo en manos de Dios. Si nuestro hijo no debía vivir, Dios iba a determinar cómo y cuándo sería. Después de nueve largos meses de espera, de escuchar cosas horribles, desde que le faltaba un brazo hasta que no sabían cuánto tiempo iba a vivir nuestro hijo, nació Francisco María. Su problema se llama síndrome de Prunne Belly y se puede vivir igual.
"Ya pasaron cuatro años desde su nacimiento y, junto a nuestros otros dos hijos, es la alegría de nuestros ojos. Sabemos que tendremos que luchar, sufrir, llorar y rezar mucho por nuestro pequeño, pero no nos arrepentimos de la decisión que tomamos hace casi ya cinco años. Por delante nos quedan varias operaciones más y esperamos que tengan un final feliz. Es más, ahora que estamos en el camino puedo decir que ya ganamos, tenemos nuestro premio, tenemos a Francisco.
"Creo que para Dios no hay nada imposible y no es la misión del hombre jugar a ser Dios. Por esto mi pregunta a los señores jueces de la provincia de Buenos Aires: ¿qué derecho tenemos los hombres a decidir dónde o cómo nacerán o morirán nuestros semejantes, en especial nuestros hijos? Si me preguntan a mí, yo les respondería: ¡Estuve, estoy y estaré orgullosa de mi hijo! No me cambio por nada ni por nadie y si tuviera que volver a sufrir toda esa angustia de nuevo, lo haría sin duda. Ninguna ley o sentencia me puede aconsejar privarme del honor de entregarle a un hijo mío todo el amor de una vida, aunque con ello se vaya la mía."
Marina Aberg Cobo de Scarafia - DNI 21.081.041